Hace algunos días desarrollé una clase con estudiantes de sexto grado de un colegio ubicado en un sector poco favorecido de la ciudad.
La clase (de castellano) se orientaba a la lectura e interpretación de un artículo periodístico sobre un nuevo proyecto de caricaturas animadas desarrollado por tres jóvenes colombianos (Este proyecto ya está en carteleras de cine) y se integraba otro objetivo a la clase, el análisis del trabajo en grupo. Las actividades tomadas de un libro de una reconocida editorial traía como actividad complementaria el análisis de la realidad escolar para el establecimiento de un superhéroe.
Siendo honesta, empecé la actividad sin mucho ánimo, es más la inicié pensando en que solamente haría la lectura y montaría una actividad de comprensión lectora a nivel textual e inferencial, pero poco a poco me fuí metiendo en el tema más por el interés que ellos mostraron en el momento de caracterizar superhéroes.
Lo hicieron de manera rápida y segura. Características como doble identidad, bondad, justicia, gentileza, búsqueda de la paz, salieron a destajo. Lo interesante vino después cuando se les planteó identificar en su salón y/o en el colegio personas que cumplieran estas características.
Se les planteó identificar el superhéroe del colegio y elaborar con él una caricatura donde se evidenciara su actuar. La actividad se planteó ya al final de la clase, como tarea, y en verdad esperé que fuera otra tarea más, de esas que pocos hacen.
Al día siguiente, mi sorpresa fue grata al encontrar tan buenos trabajos, no desde lo artístico, ni desde lo literario, pero sí desde lo ético. Sorpresa que se convirtió en mayúscula cuando encontré en una de esas historias a un docente como superhéroe... pero no el docente chévere que todos quieren, con quienes los estudiantes bromean y sonrien, no.
Aquel al que le temen, aquel que despierta odio, miedo, rabia... todo ese río de emociones adolescentes que separan a docentes de dicentes. Aquel fue su superhéroe. Increíblemente para la impresión de muchos, algunos encontraron en aquel profesor aquellas características: justicia, bondad, gentileza. Esas que la mayoría no ve en su regaños cotidianos.
¿Será esta una esperanza seria para nosotros los docentes "cansones"? (esa no es precisamente la palabra que un estudiante usaría)¿Seremos algún día, el superhéroe de alguien? ¿Aunque sea el de nuestros hijos?
Les dejo la duda.
PD. Aclaraciones:
1. El docente superhéroe no fui yo.
2. Les quedo debiendo una captura gráfica de la historieta. Esto será para la próxima.
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