viernes, 4 de noviembre de 2011

TARDE DE TALENTOS

Aunque desde hace 15 años soy docente y he hecho en mi aula cosas interesantes, ayer particularmente, hice algo que no había hecho: una tarde de talentos.

Aunque al conversar sobre pedagogía siempre se habla de formación integral, de inteligencias múltiples, de que todos los estudiantes no son iguales y que cada uno tiene sus fortalezas especiales, nada iguala a esta actividad. En ella realmente se ve quien es quien.

Fue impactante para mi ver a esas niñas que tuve a mi cuidado todo el año hacer cosas que yo, como su profesora, no habría creido que podían hacer. Me estrellé con a inevitable verdad: muchas veces desconocemos lo que más cercano tenemos y de esas veces, la mayoría, subvaloramos.

La sorpresa no fue por la espectacularidad de las presentaciones, ni siquiera por la calidad, en términos artísticos de las mismas, sino por la ACTITUD que las invadió no sólo a cada una de ellas como ser individual, sino como el ambiente que se propagó en el grupo en general.

Fue sorprendente, por ejemplo, escuchar a 30 niñas coreando una canción mal llamada "para planchar" que fue estrenada por lo menos 20 años antes que ellas tan siquiera fueran concibidas como idea. Que niñas de 9 y 10 años cantaran con ardor en su voz: "...porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti" coro muy propio de mujeres nacidas en los 60-70's que tuvieron sus experiencias amorosas hacia los 80's cuando el duo intérprete de este famoso estribillo brillaba con luz propia.

Este fenómeno podría explicarse tal vez en la moda del reencauche de la música de décadas pasadas frente a la pobreza de letra, sentido y significado de la música actual, en la influencia de la televisión, especilamente  las telenovelas, en el ideario de las niñas, pero tal vez, y más, por el simple hecho de ser MUJERES. Desde pequeñas, tendientes al dramatismo, al victimismo, al heroísmo... Qué hacer! al parecer está en nuestro código genético.

La tarde prosiguió mostrando los mejores pasos de baile en armonía a canciones puestas hoy de moda por una telenovela pero escritas hace veinte, treinta o incluso, más años. Interesante, sus cuerpos acostumbrados a los movimientos sensuales casi eróticos con los que se acompaña a la música de hoy, dieron paso a otros, tal vez menos sugestivos, pero a mi gusto, más armoniosos. Sorprendente. Niñas de aquellas que tal vez su voz nunca usan dentro de plática ordinaria del salón para enriquecer la clase, finalmente, se escucharon. Esas voces cantaron, corearon, rieron.

Conclusión. Etiquetamos. Buenas, malas, juiciosas, flojas, cansonas, calladas. Bonitas, feas, pulcras... NO. Simplemente, niñas. Aunque diferentes a nosotros, a las nuestras, a nuestra infancia. Niñas. Completas, alegres, divertidas, con gustos, con sensaciones, con proyecciones que muchas veces ni siquiera conocemos para ayudar a alimentar.

Aunque la pasé bien, me dí cuenta lo poco que sé de esto que hago hace 15 años. Tal vez, lo mala que soy; no en sentido perverso, ni en sentido negligente; tal vez solo en sentido común.



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